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El rápido crecimiento del precio del oro desde el año 2000 ha llevado a millones de personas a extraer oro con herramientas básicas en depósitos de África, Sudamérica y otros países. Esta excavación tan informal – conocida como extracción artesanal o minería a pequeña escala (MaPE) – ha existido durante siglos, con el oro aportando riqueza a comunidades que quizá no tengan otra alternativa. Según estimaciones de Delve, plataforma internacional de análisis de datos de MaPE, hoy en día hay entre 15 y 20 millones de mineros artesanales, y otras tantas personas que dependen de ellos.


Según una investigación llevada adelante por Reuters, cada vez hay más personas que están intentando traer este comercio de rápido crecimiento a la economía formal. Sin embargo, según la ONU y la OCDE, el sector genera residuos tóxicos y fomenta la explotación laboral, el crimen organizado y la prostitución.

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Un minero artesanal sale de una mina de oro con una bolsa de rocas cortadas desde el interior del pozo minero en el sitio minero sin licencia de Nsuaem Norte en Ghana, 24 de noviembre de 2018. REUTERS / Zohra Bensemra

¿Qué es la extracción artesanal?

Los mineros artesanos o a pequeña escala operan como freelance, pagando a los propietarios del terreno una tarifa de acceso, o bien un porcentaje del oro minado a los jefes. Muchos mineros trabajan apenas con picos y palas, llevándose lo extraído en sus espaldas. Otros utilizan excavadoras y trituradoras.
A menudo, los mineros utilizan mercurio para extraer el oro y luego lo convierten en lingotes semi-puros que venden a los comerciantes.

¿Por qué ha aumentado?

El consumo de oro se ha incrementado, a medida que el rápido crecimiento económico de China creaba millones de nuevos consumidores de oro y la crisis económica de 2008 conducía a los inversores a activos cuyo valor esperaban que se mantuviera estable, como es el caso de este metal.

Eso elevó los precios de menos de 300 dólares la onza en el 2000 a alrededor de 1.700 dólares en la actualidad, haciendo más atractivo el sector minero que el de la agricultura para muchas personas, a menudo en países con crecimiento demográfico.

Es difícil medir la producción de la extracción artesana y la minería a pequeña escala, pero la consultora Metals Focus estima que a día de hoy producen unas 560 toneladas de oro al año por valor de 27.000 millones de dólares. Según esta misma empresa, las minas mecánicas producen alrededor de 2.900 toneladas al año.

¿Qué problemas genera?

  • Puede derramar residuos tóxicos y contaminar los sistemas de abastecimiento de agua.
  • Las minas precarias a menudo se derrumban.
  • Explotación infantil: con frecuencia hay niños trabajando en las minas, muchas veces con jefes sin escrúpulos que les obligan a meterse en pozos estrechos.
  • Este tipo de minería alimenta la economía sumergida, privando al estado de recaudar impuestos: cada año salen de África miles de millones de dólares en oro de contrabando.
  • Los traficantes de drogas y caudillos locales utilizan el oro para blanquear dinero o comprar armas.

¿Quién compra oro MaPE? 

Los consumidores occidentales demandan cada vez más productos de comercio justo, por lo que grandes bancos, joyerías y refinerías actúan con cautela ante el oro artesanal. Normalmente sólo compran a proyectos con un control minucioso, que garantizan que se pueda rastrear la procedencia del metal, y unas condiciones laborales justas para los mineros.
Sin embargo, las cantidades minadas de esta forma son pequeñas. Según fuentes de la industria y datos del comercio global, buena parte del resto de la producción acaba en manos de compradores que realizan menos controles en lugares como Oriente Medio y la India. Desde allí, el oro puede acceder al sistema internacional.

Enormes depósitos pero pocas ganancias: los mismos problemas

La mayoría de las reservas de oro del mundo están bajo el control del grupo mayoritario de bancos centrales del G7La mayoría de las reservas de oro del mundo están bajo el control del grupo mayoritario de bancos centrales del G7, almacenado en fortalezas militares de alta seguridad como Fort Knox en Kentucky (Estados Unidos).
Estados Unidos es el país con mayores reservas de oro por un amplio margen, mientras que Sudáfrica y Argelia son las únicas naciones africanas que entran en la lista de los primeros treinta países en reservas de oro. Y todo esto a pesar de que las minas de Witwatersrand, en Sudáfrica, suponen más del 40% de la producción total de oro a nivel mundial. Así mismo, Ghana y Sudán, que no llegan a estar ni entre los primeros cincuenta países en reservas, figuran entre los primeros quince mayores productores de oro del mundo.
De la misma forma en la que empresas extranjeras han saqueado diamantes con un grave coste político y social para África, el oro ha sido secuestrado de los cofres del continente africano sobre algunas de las reservas más grandes de la tierra.

Grandes depósitos de oro africanos han sido expropiados por otros países a lo largo de las décadas. Ya no existen las limitaciones coloniales, pero la expropiación continúa, esta vez perpetrado solapadamente por el sector privado extranjero. La maquinaria y mano de obra locales son aprovechadas para extraer los depósitos de forma encubierta a través de proveedores ilegales.

El oro sale entonces de las costas africanas para satisfacer las necesidades de las tesorerías de grandes países occidentales, que fortalecen sus depósitos, dejando a África con áridas reservas que contribuyen a una necesidad de divisas nacionales denominadas en dólares. Añadido a eso, los reiterados titulares que hablan miles de millones de dólares en oro africano sacado del continente en contrabando.

Por tanto se vuelve evidente que la industria africana del oro se enfrenta ante un problema apremiante: la capacidad de auditoría.

Los cambios en tiempos de COVID-19

Una enorme crisis de liquidez seguida por descomunales pérdidas en los mercados y desapalancamiento por parte de fondos pasivos, fondos de cobertura, instituciones y empresas extranjeras está llevando a una carrera internacional por el dólar americano. La Reserva Federal respondió a la creciente demanda de dólares inundando la economía con billones a través de una tasa de interés de fondos federales del 0%, operaciones de reporto en vigor alcanzando los billones de dólares, líneas swap con los bancos centrales del G7 y expansión cuantitativa – una verdadera “bazooka” de política monetaria.

En su intento de mitigar un escenario de deflación en el que muy pocos dólares americanos persigan un excedente de bienes, es posible que la Fed haya incurrido en un dilema a largo plazo de inflación de costes. Esta problemática situación se ve exacerbada por la idea de que los bancos centrales del G7 y la Fed tienen menos reservas de oro de las necesarias para cubrir la columna de pasivos en el balance de la Fed, que continúa hinchándose con más inyecciones monetarias.

Sin una base de moneda fuerte como el oro, que ha sido tradicionalmente un depósito de valor, el peligroso baile de deuda e inflación va a alcanzar niveles delicados. Posiblemente, el consiguiente aumento de la demanda de oro o Bitcoin, resonará con muchos inversores públicos que invertirán en activos no sujetos a la caprichosa política monetaria de los bancos centrales, mientras los precios de los bienes suben y la demanda de dólares disminuye.

Tendrá lugar un aumento de la fiebre del oro que dará impulso a nuevas operaciones mineras. Gobiernos, empresas y otras entidades van a intentar subirse al tren de esta moneda segura. Por tanto, África va a convertirse en el centro de atención del oro, y es precisamente por esto que es obligatorio realizar una auditoría y que África afiance su cadena de suministro en medio de esta incertidumbre económica mundial.

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